SS Sirio: “el Titanic de los pobres”

27 de Mayo de 2016

España posee casi 8.000 km de costa, compartidos entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Desde tiempos inmemoriales ha sido testigo del paso de barcos fenicios, griegos y romanos hasta los gigantescos trasatlánticos actuales. Muchos de ellos colisionaron contra los fondos rocosos y se hundieron accidentalmente, otros, sin embargo, fueron hundidos por la eficacia de los submarinos alemanes entre las dos guerras mundiales.

Se cree que hay alrededor de 800 barcos -y la cifra continúa subiendo- sumergidos en aguas españolas. Cada buque, navío o velero tiene una historia. Algunas hablan de preciadas cargas a bordo y otras de terribles sucesos, como la ocurrida el 4 de agosto de 1906 frente a las costas del cabo de Palos (Cartagena). Un piróscafo construido en Glasgow, que normalmente cubría la ruta ente Italia y el Cono Sur sudamericano, naufragó con una gran cantidad de pasajeros en su interior.

El buque, bautizado como SS Sirio, zarpó de Génova el 2 de agosto. Pero el viaje finalizaría dos días más tarde, cuando navegaba en aguas cartaginesas. Allí, se produce una sorprendente elevación rocosa del terreno -conocida como promontorio en la jerga oceanográfica- entre el cabo de Palos y las islas Hormigas: incluso la profundidad del agua puede llegar a ser escasa (3 o 4 metros) en algunos puntos. Por ello, en 1864 se construyó un espectacular faro que advertía del peligro de aproximarse demasiado a la orilla.

Los periódicos de la época datan el accidente sobre las 16.00 horas: “Al cruzar por delante de los bajos de las Hormigas, conocidísimos para los marinos por figurar en todas las cartas de navegación y estar además señalados por un faro, llamado también faro de Las Hormigas, embistió en las piedras que los forman, yéndose pique el buque rapidísimamente. El pánico que se apoderó de los de a bordo no es para describirlo. Los gritos de dolor, las imprecaciones, las voces angustiadas que pedían socorro, se confundían con el ruido estridente de la embarcación naufraga, que tambaleándose entre los escollos en que estaba sujeta, se tumbó de babor, no presentando a la superficie más que la parte de proa, viéndose también el puente y las dos chimeneas” (El Mediterráneo de Cartagena, 6 de agosto de 1906).

Tras la colisión, el SS Sirio explotó en sus entrañas, concretamente en la sala de máquinas, desencadenando un gran número de muertos. La gran mayoría de las víctimas formaban parte de la tripulación, lo que provocó que el capitán del barco junto con los oficiales de a bordo fuese de los primeros en escapar del barco, dejando a los pasajeros a su suerte.

En este sentido, los verdaderos héroes de la historia fueron los pescadores locales que se organizaron para llevar a cabo las tareas de salvamento. Dadas las circunstancias de la época y que la mayoría de los integrantes eran emigrantes ilegales, no se tienen datos exactos de supervivientes y fallecidos: se estima que cerca de 580 personas salvaron su vida, mientras que 240 no tuvieron la misma suerte. No obstante, el capitán no fue el único villano. Un buque francés, el Marie Louise, socorrió a una mínima cantidad de náufragos, dejando morir a decenas de ellos ahogados.

En nuestros días, los restos del SS Sirio reposan troceados en aguas del cabo de Palos: la popa está situada a unos 40 metros de profundidad y la proa, por su parte, a unos 70 metros. Aunque la tragedia del Titanic ocurrió seis años después, el accidente del SS Sirio ha incorporado a su leyenda con el paso de los años el sobrenombre del “Titanic de los pobres”, ya que integraba aproximadamente 820 personas en su interior.

Si te ha gustado la historia, no te pierdas el estreno el próximo 5 de junio a las 22:55h. de La maldición del Republic. Un hermano del Titanic, y de la misma compañía, que naufragó tres años antes que él con un gran tesoro en sus bodegas.

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