Atila, Rey de los Hunos. De pueblo errante a imperio.

10 de octubre de 2016

Los Hunos se originaron en Asia central, cerca de la actual Mongolia. Las tácticas militares de este pueblo nómada estaban centradas en el ataque por sorpresa, lo cual supuso su fracaso en el intento de invadir China, que fortificada tras su gran muralla era capaz de avistar los ataques antes de que ocurrieran.

Los pueblos situados en Occidente no corrieron la misma suerte. Los Hunos, gracias a su destreza con los caballos, fueron conquistando y ocupando grandes territorios.

Atila junto a su hermano Bleda (390 – 345 d.C ) heredaron de su tío Rugila el imperio Huno. Ambos conocían el Imperio romano de antemano, ya que fueron educados durante unos años en Roma.

En el 345 d.C  Atila se convirtió en el único rey de los Hunos tras la extraña y conveniente muerte de su hermano.

Antes de ser coronado, Atila ya había atacado al Imperio romano de Oriente (440 d.C). Los ataques duraron aproximadamente diez años, durante los cuales el Imperio romano perdió grandes extensiones, como las actuales Georgia, Armenia e Irán. Esta guerra se frenó gracias al ejército consolidado del Imperio romano y su decisión de pagar tributos a Atila, el cual aceptó  y pasó a centrarse en el Imperio de Occidente.

Valentiniano III (emperador del Imperio de Occidente en es momento) se negó a pagar el tributo anual, ante lo cual Atila decidió ceder. Sin embargo, el emperador Huno se lanzó a la batalla cuando Honoria (hermana del emperador Valentiniano III) solicitó su ayuda contra la represión sufrida a manos de su hermano. Atila interpretó la petición de ayuda como una declaración de matrimonio y decidió rescatar a su “amada”. De este modo el rey Huno podría adjudicarse la herencia de Honoria como su marido.

Atila asentó su sede en Galia donde tendría lugar el primer enfrentamiento contra el general de las fuerzas romanas Aecio, el cual vencería logrando la retirada de Atila.

Tras la retirada, Atila consiguió reunir suficientes tropas como para dirigir una campaña desde el norte de Italia, donde se mostró imparable incluso para Aecio. Atila fue avanzando hacia el sur hasta quedarse en las puertas de Roma, donde Valentiniano III intentaría sin éxito firmar una paz con el rey Huno.

Ante los fracasos de Roma por firmar la paz, se envió al Papa León I para disuadir al bárbaro que amenazaba con la destrucción del Imperio.

El encuentro fue beneficioso para ambas partes. El Papa le ofreció a Atila un gran botín y éste aceptó. Tras firmar la paz, el rey huno pudo regresar a Europa y Asia donde sus pueblos se enfrentaban a luchas por la ausencia de su líder. Atila murió en su palacio de una hemorragia sufrida en el 453 d.C.

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