El cuadro más caro de Cézanne

19 de enero de 2019

Uno de los referentes del posimpresionismo, Cézanne, fue considerado el padre de la pintura moderna lo que ha hecho que con los años sus obras sean de las más admiradas del mundo de la pintura. 

Procedente de una familia adinerada, recibió la mejor educación de su tiempo con la idea impuesta por su padre de ser abogado. Tras varios conflictos con él, consigue trasladarse a París para perseguir su sueño de pintar. A pesar de vivir en la ciudad dónde los pintores de la época tenían que hacerlo, nunca se sintió cómodo. Su aspecto y su vida de hombre de provincia le hacía ser solitario, sin querer relacionarse ni meterse en los círculos bohemios que tanto abundaban la capital francesa. 

Tan sólo trabó amistad con Pisarro, quién le ayudó a encontrar su sitio en la pintura.
En su primera exposición provocó la mofa y el rechazo de los críticos y de sus propios compañeros al no entender su concepción del arte, pero a pesar de este revés, siguió su forma particular de pintar dónde abundaban los bodegones y los paisajes. Se centraba en los volúmenes, en lo que veían sus ojos, en las escenas típicas del día a día. Volvió a intentar exponer hasta en tres ocasiones más con el mismo resultado, lo que propició su marcha de París para volver a la casa familiar en Aix-en-Provence.

Tras la novela de Emile Zola dónde lo representa como un pintor fracasado, Cézanne empieza a ser más obsesivo con su forma de pintar. Quiere plasmar la esencia de la realidad, la esencia de los objetos, sus vivencias. Deja de lado el lenguaje pictórico para centrarse en algo tan básico en pintura como es el color y la forma. Una de las obras que nacen de esta nueva forma de entender su arte es Les Jouers de cartes, dos campesiones de su zona sin mayor afán de echar una partida. Cézanne no quiere contar nada más sino una estampa normal de su día a día.

Murió solo y sin éxito en cuanto a venta de cuadros y exposiciones se refiere, pero siendo un referente para las nuevas generaciones de pintores que venían en él una ventana a un nuevo estilo, a una nueva narrativa pictórica que influenció a los pintores posteriores a él.

En 2011 una de sus mayores obras, Les Joueurs de cartes (1985) sale a subasta. Se desconoce la cifra exacta que pagó la Familia Real de Qatar por la pintura, pero se ha sabido que ésta oscila entre los 260 y los 320 millones de dólares. Los expertos la califican como una de las mayores joyas de la pintura, pilar de su movimiento.
Durante años fue el cuadro más caro jamás vendido. Actualmente se situa en el puesto tres, por detrás de “Interchange” de De Kooning y el “Salvator Mundi” de Leonardo Da Vinci.

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