La Vía Apia, primera autopista de la historia

31 de agosto de 2016

Autovías y autopistas han sido, durante estos dos últimos meses de verano, la principal vía de desplazamiento para millones de españoles. Las carreteras (87,75%) se utilizan -de lejos- mucho más que otros medios de transporte como el ferrocarril (6,23%) o el avión (5,80%). Pero, aunque sean un síntoma de modernidad y seguridad, llevan al servicio del ser humano mucho más de lo que crees. Los romanos idearon este sistema de comunicaciones terrestres: responsable de las grandes conquistas de la República, ya que facilitaba la movilidad de las tropas a una velocidad nunca vista hasta entonces.

Así, la Vía Apia que comunicaba Roma y Capua se considera la primera autopista de la historia, además de ser una de las más célebres y mejor conservadas del mundo. Fue construida en el 312 a. C. por el censor Apio Claudio Caeco, posee 540 kilómetros de longitud y alrededor de ocho metros de ancho. Las medidas ya posibilitaban la circulación simultánea de carruajes en ambos sentidos y también favorecieron el comercio y la expansión económica.

La calzada se construyó con piedra basáltica de forma poligonal. Su acera, de un metro de ancho a cada lado, estaba repleta de sepulcros, tumbas y monumentos funerarios entre los que destacaban los mausoleos a Cecilia Metella y al filósofo Séneca, debido a la prohibición de dar sepultura dentro de las ciudades. Incluso los primeros cristianos comenzaron a celebrar la Eucaristía cerca de estos lugares de culto fúnebre. Asimismo, la Vía Apia se caracterizaba por ser muy rectilínea en terrenos llanos, evitar las inmediaciones de los ríos y ensancharse en las curvas para que los vehículos de la época girasen mejor.

En sus proximidades surgieron las stationes y las mansiones. Las stationes fueron lugares de estacionamiento breve, es decir, moradas donde cambiar el caballo, reponer fuerzas y descansar unos instantes. Las mansiones, por su parte, se asemejan a la idea primigenia que tenemos hoy en día de las posadas. El Itinerario de Antonino, escrito en el siglo III, recoge todos estos avances emergidos en torno a la Vía Apia y es la fuente de información más completa sobre la red de calzadas del Imperio Romano.

Al servir como principal vía de comunicación entre Roma y Capua, la Vía Apia fue el lugar elegido para crucificar a los más de 6.000 rebeldes que lucharon junto al exgladiador Espartaco. Tras la caída del imperio en el 476 d. C., quedó olvidada y en desuso hasta que el papa Pío VI la restauró en el siglo XVIII. Napoleón Bonaparte y Benito Mussolini también se interesaron por continuar con su conservación.

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