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Riccardo Ehrman y la pregunta que dinamitó el Muro de Berlín

29 de octubre de 2019

¿No cree que ha sido un gran error la Ley de Viajes que se presentó hace pocas semanas?». Desde los ojos de la realidad europea actual, una pregunta como esta, formulada por el periodista Riccardo Ehrman, podría haberse escuchado en cualquier rueda de prensa política a cualquier líder o portavoz de gobierno, afortunadamente. Pero trasladémonos a la Alemania comunista de finales de los 80.


La respuesta, de un Schabowski visiblemente molesto, fue tajante: “nosotros no cometemos errores”

 

9 DE NOVIEMBRE DE 1989

Una rueda de prensa que se preveía rutinaria fue convocada por el Politburó (Comisión política del Comité Central del Partido Comunista de la extinta Unión Soviética y de otros países). Riccardo Ehrman, periodista italiano que ejercía como corresponsal en la Alemania oriental, fue convocado a su vez por su agencia para cubrir la rueda de prensa. Llegó tardé y ya no había sillas libres en la sala, por lo que tuvo que sentarse justo sobre el escenario en el que apoyaba el estrado. Lo presidía Günter Schabowski, portavoz y primer secretario del Partido Comunista de la RDA. Según Ehrman, pronunció un discurso largo y aburrido, lleno de palabrería y promesas que después acostumbraban a no cumplir.

 

Riccardo Ehrman, de traje azul, toma notas sentado a los pies del estrado

 

Aunque el primer secretario admitió que era posible que hubieran cometido algún error en el pasado, también afirmó con rotundidad que ellos sabían lo que necesitaba el pueblo. Aprovechando su turno de palabra y el pequeño atisbo de honestidad que había mostrado Schabowski, Ehrman le formuló la atrevida pregunta desde el suelo del estrado: «¿No cree que han cometido un error con su ley de permisos para viajar?».

 

 

La situación en el país no era calmada, si no más bien convulsa. El gobierno había reaccionado duramente a las numerosas manifestaciones que se habían producido recientemente demandando la apertura. Denegaron visas y endurecieron las políticas de viaje mientras muchos ciudadanos huían ilegalmente por Hungría. Dadas las circunstancias, la pregunta de Ehrman era la pregunta del pueblo. La pregunta que los ciudadanos clamaban.

La respuesta, de un Schabowski visiblemente molesto, fue tajante: “nosotros no cometemos errores”, aunque al mismo tiempo titubeante: “pero tengo algo que decir”. En ese momento sacó un papel de su bolsillo y comenzó a leer en voz alta:

“Los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de un justificante; motivo de viaje o lugar de residencia. Las autorizaciones serán emitidas sin demora. Se ha difundido una circular a este respecto. Los departamentos de la Policía Popular responsables de los visados y del registro del domicilio han sido instruidos para autorizar sin retraso los permisos permanentes de viaje, sin que las condiciones actualmente en vigor deban cumplirse. Los viajes de duración permanente pueden hacerse en todo puesto fronterizo con la RFA”.

Esta respuesta era la que habían esperado escuchar cientos de miles de ciudadanos alemanes durante mucho tiempo y que Riccardo Ehrman había provocado con su pregunta. La siguiente era obligada: “¿cuándo?”. Günter Schabowski, leyendo a través de sus gafas respondió: “Pues ya. Y es válido para todas las fronteras”.

“Esta fue para mí la confirmación de que el muro había caído”, comenta Ehrman en declaraciones a HISTORIA:

 

 

El momento fue colosalmente importante para la historia de Alemania y del resto de Europa. Unas palabras que, como una gran maza, iban a derribar el muro que durante treinta años había partido Alemania en dos. El Telón de Acero que había separado las vidas de miles de ciudadanos. Entonces se comenzaban a oír los estertores del comunismo en Europa. El comienzo del fin de la República Democrática Alemana.


ANSA publicó la revolucionaria noticia, siendo el primer medio en difundir que el Muro de Berlín caía.

 

“PUES YA”: ¿CONSECUENCIAS INMEDIATAS?

Aunque la respuesta del portavoz afirmaba que la ley entraba en vigor inmediatamente, lo cierto es que muchos periodistas allí presentes y sus agencias no lo creyeron (o no quisieron). Quizá por cautela o por desconfianza. Sin embargo, Riccardo Ehrman sí lo creyó y así se lo transmitió inmediatamente tras la rueda de prensa a ANSA, la agencia para la que trabajaba.

Después pudo comprobar efectivamente que el pueblo había comprendido lo mismo que él. Lo que verdaderamente significaban las palabras de Schabowski. Tras acudir a la frontera de hormigón más cercana, pudo ver que miles de personas habían visto u oído el acontecimiento en directo y habían ido para poder pasar, aunque sin éxito. El muro seguía sellado, no se podía cruzar. Varias de las personas allí congregadas le reconocieron y dijeron: “¡Es él! ¡Es quien hizo la pregunta!”

Poco después, Riccardo recibió la llamada del embajador italiano en Alemania, con el que mantenía una buena relación amistosa:

 

«¡Riccardo! ¡Qué coño has hecho!»

 

Tras comprobar que a pesar de las declaraciones del miembro del gobierno la frontera continuaba cerrada, a Ehrman le invadió el pánico. “Lo que sucedió es que el director de mi agencia se dio cuenta de inmediato que esperar la confirmación del hecho significaba dejar a otros medios la gloria de la noticia. Entonces dijo: “No, yo conozco a Ehrman, es una persona seria, no hace trampas. Vamos con la noticia”. ANSA publicó la revolucionaria noticia, siendo el primer medio en difundir que el Muro de Berlín caía. El titular rezaba:

“LOS ALEMANES DEL ESTE PODRÁN CRUZAR HACIA EL OESTE DE ALEMANIA DE MANERA INMEDIATA”

“Yo pasé una noche de terror, el terror de haber dado una noticia falsa”. Recuerda Ehrman, imaginando que el fervor del momento hubiera provocado un precipitado y peligroso titular.

 

 

Pero la noticia no era falsa. Contaba la realidad. El muro, tal y como pudo comprobar por sí mismo en la Postdamer Platz, caía a trozos por los martillazos. Ehrman recogió varios trozos que después regaló. Excepto uno, que guarda en su casa.

 

ESPECULACIONES Y CONSPIRACIÓN

Mucho se ha especulado y debatido acerca de la pregunta que derribó el Muro de Berlín. Parece lógico que lo rocambolesco de la situación provocara el germen de la duda acerca de cómo aconteció todo. ¿Una pregunta que provoca el titubeo de un poderoso miembro de la RDA? ¿Es posible que todo estuviera preparado? ¿Estaba Ehrman “prevenido” de alguna manera para formular la pregunta correcta en el momento adecuado? ¿Podía una “simple” pregunta mover los cimientos de un estado o era su gobierno quien ya se hallaba debilitado, derrumbándose ante un pequeño soplido?

¿Guarda una lejana y débil relación el poderoso hecho de que el periodista pasara parte de su juventud en un campo de concentración nazi en Italia?

Independientemente de las incógnitas y las dudas razonables al respecto, lo acontecido fue una realidad que cambió la vida de millones de alemanes y europeos para siempre.

 

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