PERFILES

Mariana de Pineda

Mariana Rafaela Gila Judas Tadea Francisca de Paula Benita Bernarda Cecilia de Pineda Muñoz o, sin más, Mariana de Pineda. La granadina fue una liberal española del siglo XIX y es considerada uno de los grandes personajes femeninos de la historia de España. Pero para entender su biografía es necesario partir de cómo y cuándo nació Mariana de Pineda.

Una difícil infancia

Cuando se trata de saber quién fue Mariana de Pineda, es imposible no comenzar por una infancia que, cuanto menos, fue realmente complicada. Nació en Granada el 1 de septiembre de 1804, hija de unos padres que nunca llegaron a casarse y que se turnaban su crianza una y otra vez.

En los años que vivió con la madre, esta fue denunciada por el padre por haber usurpado bienes que correspondían a la pequeña Mariana, por lo que la custodia volvió a manos del progenitor. Por desgracia, este murió poco después, de manera que la niña pasó a ser responsabilidad de un tío paterno que, al no poder hacerse cargo de ella, la entregó a una pareja conocida.

Entre estas idas y venidas, Mariana abandonó la infancia y comenzó su vida adulta a los 15 años, momento en el que se casó con Manuel de Peralta. Su marido, 11 años mayor, la acompañó durante algunos años y le dio un par de hijos, un niño y una niña. Sin embargo, la vida de Mariana no parecía estar hecha para vivir tiempos tranquilos; en 1822 quedó viuda, sin patrimonio alguno y al cargo de dos niños pequeños.

 

Inquietudes políticas

Teniendo en cuenta las circunstancias que se han descrito y sabiendo que en la España de comienzos del siglo XIX el papel de la mujer en política era inexistente, es curioso que Mariana pudiera mantener su actividad y sus intereses tal y como lo hizo.

Según los expertos, fue a raíz de quedar viuda cuando la joven granadina entró en contacto con los ambientes liberales que apoyaban las Cortes de Cádiz y la constitución de 1812. En 1814, Fernando VII derogó La Constitución e instauró un férreo absolutismo. Según han recogido algunos especialistas de esta época, la casa de Mariana de Pineda en Granada era un refugio para prófugos liberales que huían. Durante años, la joven se vio involucrada incluso en alguna fuga de la cárcel en la que colaboró de forma más o menos activa.

 

 

 

Sin embargo, no es posible decir que Mariana de Pineda fuera una figura liberal reconocida en aquel momento, ya que sería un disparate imaginar que a principios del s. XIX una mujer tuviera los medios y los recursos necesarios para dirigir un movimiento político de esas características.

 

El ambiente revolucionario liberal

A comienzos de la década de los 30 del siglo XIX, el ambiente en España no era para nada apacible. Muchos de los focos conflictivos que se oponían abiertamente al reinado absolutista de Fernando VII se encontraban en Andalucía, por lo que los ojos de las autoridades estaban volcados en el sur de España.

En 1831 se produjeron diversos intentos de alzamiento, inspirados en figuras como la del general Torrijos, que moriría en Málaga unos años después, o Espoz y Mina. El asesinato del gobernador de Cádiz, varias marchas que no fructificaron y los constantes rumores de alzamiento hicieron que la represión antiliberal se convirtiera en una obsesión para las autoridades.

En medio de todo aquello, se encontraba Pineda. Mariana, bien sabido era en Granada, sentía simpatías por la causa liberal y no dudaba en prestar su apoyo y auxilio a aquellos revolucionarios que lo necesitaran. Sin embargo, pocos podían imaginar que la joven se iba a convertir en objetivo de la policía y, menos aún, en un símbolo para todos los liberales.

 

Detención, juicio y ejecución

El 18 de marzo de 1831, la policía entró en la casa de Mariana de Pineda y encontró una bandera revolucionaria a medio bordar. Aquello bastó para acusar a la joven de estar tras los intentos de alzamiento de los liberales. La bandera no era ninguna representación de la bandera de España, sino que estaba más relacionada con la masonería, por sus símbolos y sus colores verde y morado. Esa fue la estrategia empleada por el abogado defensor, ya que en aquella época tampoco se contemplaba que las mujeres pudieran estar relacionadas con la masonería.

Según esto, a Mariana la podían acusar más bien de poco. Los expertos sospechan que la bandera fue colocada en casa de la joven con el propósito de detenerla. De esta manera, tal vez confiaran en que la joven se asustara y delatara a los principales cabecillas liberales de Granada, pero parece poco probable que la intención fuera someterla a juicio, y, mucho menos, condenarla por rebelión.

Pero Mariana de Pineda no colaboró con las autoridades en ningún momento. De hecho, se cree que la joven llegó a prometer que de sus labios «nunca saldría una palabra indiscreta». Sí intentó escapar en al menos una ocasión, pero estas tentativas no llegaron a tener éxito jamás.

Pasado el juicio y visto que la joven no iba a delatar bajo ningún concepto a los liberales que conocía, fue condenada a muerte por garrote vil, un ajusticiamiento que se llevó a cabo el 26 de mayo de 1831 en el Campo del Triunfo granadino.

Muerta con tan solo 26 años, Mariana de Pineda pronto fue ensalzada por los liberales como una mártir de la causa. A ello contribuyó su negativa para delatar a ningún liberal y una dignidad en su ejecución que los cronistas de la época no dudaron en ensalzar.

 

El mito de Mariana de Pineda

la biografía de Mariana Pineda le faltaba poco para convertirse en mito. El Sexenio Liberal estuvo a punto de conseguirlo, pero no llegó a alcanzar dicha repercusión hasta la Primera República Española, unos años después.

Mariana caería en el olvido, por lo tanto, hasta el siglo XX, cuando figuras de la talla de Federico García Lorca y algunos dirigentes de la Segunda República recuperaron su figura y la situaron como una de las mujeres más importantes en la historia de España, un papel que aún mantiene a día de hoy.