PERFILES

George Washington

George Washington, considerado el “Padre de la Patria”, fue un célebre general que condujo al Ejército Continental a la victoria en la Guerra de Independencia Americana (1775-1783), artífice de la construcción de las bases democráticas de la nueva nación, que lo eligió primer presidente de los Estados Unidos de América, sirviendo de 1789 a 1797.

VIDA Y FAMILIA

Washington nació el 22 de febrero de 1732 a orillas del río Potomac, en el antiguo condado de Westmoreland, Virginia. Pertenecía a una distinguida familia inglesa, asentada en América del Norte desde mediados del siglo XVII, que había logrado amasar una considerable fortuna. Su padre Augustine, hombre culto y dueño de inmensas propiedades y esclavos, construyó molinos y cultivó tabaco y, durante un tiempo, tuvo interés en abrir minas de hierro. Su padre se casó con su primera esposa, Jane Butler, y tuvieron tres hijos. Jane murió en 1729 y Augustine se casó con Mary Ball en 1731. Fruto de esa unión nacerían seis vástagos, siendo George Washington el mayor de ellos.

Poco se sabe sobre la infancia de Washington, lo que ha fomentado muchas de las fábulas que los biógrafos posteriores elaboraron para llenar el vacío. Entre ellas están las historias que relatan cómo  Washington arrojó un dólar de plata al Potomac y la anécdota acerca de cuando Washington, después de cortar el cerezo premiado de su padre, confesó abiertamente el crimen.

Sí se tiene conocimiento de que Washington estudió de modo irregular, primero con el sacristán de la iglesia local y luego con un maestro llamado Williams. Sin formación literaria o filosófica, el muchacho adquirió conocimientos prácticos en matemáticas, geografía, latín e inglés, más acordes con su activo temperamento. Además aprendió a dominar el el cultivo de tabaco, la ganadería y la topografía.

El padre de Washington murió cuando tenía 11 años y éste se convirtió en el pupilo de su hermanastro Lawrence. Casado con Anne Fairfax, la hija del coronel William Fairfax, patriarca de una familia acomodada de Virginia, bajo su tutela Washington fue instruido en los aspectos más refinados de la cultura colonial.

Además, las agotadoras jornadas en campo abierto, expuesto a los peligros de la vida salvaje, le enseñaron a conocer las costumbres de los indios, haciéndole ingenioso y endureciendo su cuerpo y su mente. También despertó su interés en la tenencia de tierras occidentales, un interés que perduró durante toda su vida con la compra especulativa de tierras y la creencia de que el futuro de la nación residía en la colonización de las tierras del Oeste.

Tras la muerte por tuberculosis de su hermanastro Lawrence, y la repentina muerte de la única hija de éste dos meses después,  Washington se convierte a los 20 años en el cabeza de familia al heredar la plantación de Mount Vernon, una de las propiedades más prominentes de Virginia, que contaba con 8.000 acres y dieciocho esclavos.

Convertido en uno de los hombres más ricos de Virginia, pronto se distinguió en los asuntos de la comunidad como miembro activo de la Iglesia episcopal, postulándose como candidato a la Cámara de los Burgueses del distrito en 1755.

 

CARRERA MILITAR PRERREVOLUCIONARIA

A principios de la década de 1750, Francia y Gran Bretaña estaban en paz. Sin embargo, el ejército francés había comenzado a ocupar gran parte del valle de Ohio, protegiendo los intereses territoriales del rey, particularmente a los cazadores de pieles y colonos franceses. Pero las tierras fronterizas de esta área no estaban claras y eran propensas a disputas entre los dos países.

Washington se alistó en el ejército, y poco después de la muerte de su hermanastro fue nombrado por el gobernador de Virginia, Robert Dinwiddie, comandante del distrito. Ante las incursiones de los franceses por la frontera, en 1753 el gobernador envió a Washington a Fort LeBoeuf, en lo que ahora es Waterford, Pennsylvania, para advertirles que se retirasen de las tierras reclamadas por Gran Bretaña. A pesar del frío y la nieve, llevó a cabo la dura travesía hasta alcanzar Fort Le Boeuf, una hazaña que comenzó a cimentar su fama.

 

Washington the Soldier, 1834

 

Los franceses se negaron cortésmente y Dinwiddie envió de regreso a Washington con tropas,  estableciendo un puesto en Great Meadows. La pequeña fuerza de Washington atacó un puesto francés en Fort Duquesne, matando al comandante Coulon de Jumonville, a nueve soldados y tomó prisioneros al resto. La guerra francesa e india había comenzado.

En agosto de 1755, por su coraje y capacidad de decisión Washington fue nombrado comandante de las tropas de Virginia a la edad de 23 años. Fue enviado a la frontera para patrullar y proteger casi 400 millas de tierras con unas 700 tropas poco disciplinadas y el escaso apoyo de los legisladores coloniales. Resultó ser una tarea frustrante y su salud falló en los últimos meses de 1757, regresando a casa con disentería.

En 1758, renunció a su comisión y regresó desilusionado a Mount Vernon. Ese mismo año ingresó en política y fue elegido miembro de la Cámara de Burgueses de Virginia.

 

MATRIMONIO

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El 6 de enero de 1979, un mes después de abandonar el ejército, Washington se casó con Martha Dandridge Custis, una mujer tan rica como hermosa, viuda del coronel Parke Custis y dueña de una de las mayores fortunas de Virginia. Martha aportó al matrimonio gran número de esclavos, 15,000 acres y dos hijos, John y Martha, de seis y cuatro años, que se convirtieron en la verdadera familia de Washington, a quien prodigaba verdadero afecto.

Dicho patrimonio, al que se sumó la tierra concedida por su servicio militar, convirtió a Washington en uno de los terratenientes más ricos de Virginia.

La pareja disfrutó de su acomodada situación y desempeñó un papel prominente en la vida social de la región. Pero su vida placentera se vería interrumpida por el vendaval político que pronto se abatió sobre América del Norte.

 

 

ESCLAVOS

En la década de 1790, Washington poseía más de 300 esclavos en Mount Vernon. Se decía que no le gustaba la institución de la esclavitud, pero aceptaba el hecho de que fuera legal.

Washington, en su testamento, demostró su descontento con la esclavitud, ya que ordenó que todos sus esclavos fueran liberados tras la muerte de su esposa. Sin embargo, este acto de generosidad solo se aplicó a menos de la mitad de los esclavos de Mount Vernon: los esclavos propiedad de la familia Custis fueron entregados a los nietos de Martha después de su muerte.

 

REVOLUCIÓN AMERICANA

Aunque la Ley de Proclamación Británica de 1763, que prohíbe los asentamientos más allá de Alleghenies, irritó a Washington y se opuso a la Ley de Sellos de 1765, no asumió un papel de liderazgo en la creciente resistencia colonial contra los británicos hasta la protesta generalizada de las Leyes de Townshend en 1767 .

Sus cartas de este período indican que era contrario a que las colonias declararan su independencia. Sin embargo, en 1767, se opuso a lo que creía que eran violaciones fundamentales de los derechos de los ingleses de las colonias por parte de la Corona.

En 1769, Washington presentó una resolución a la Cámara de los Burgueses que pedía a Virginia que boicoteara los productos británicos hasta que se derogaran las leyes.

Después de la aprobación de las Actas Coercitivas en 1774, Washington presidió una reunión en la que se adoptaron las Resoluciones de Fairfax, y solicitó la convocatoria del Congreso Continental y el uso de la resistencia armada como último recurso. Fue seleccionado como delegado al Primer Congreso Continental en marzo de 1775.

 

COMANDANTE EN JEFE DEL EJÉRCITO CONTINENTAL

El 15 de junio de 1775 fue nombrado comandante general y comandante en jefe de las fuerzas coloniales contra Gran Bretaña. Como de costumbre, no tuvo que enfrentarse a una competencia seria, pues gozaba de prestigio, tenía experiencia militar, carisma en su trabajo y llevaba meses asesorando al Congreso.

Dejando a un lado las consideraciones políticas y la fuerza de su personalidad, Washington no estaba necesariamente cualificado para hacer la guerra a la nación más poderosa del mundo. El entrenamiento y la experiencia de Washington se centraron principalmente en la guerra fronteriza con pequeños grupos de soldados. No estaba entrenado en el estilo de batallas a campo abierto que practicaban los generales británicos al mando.

Washington y su pequeño ejército saborearon la victoria a principios de marzo de 1776 al situar su artillería sobre Boston, en Dorchester Heights, obligando a los británicos a retirarse. Tras trasladar sus tropas a la ciudad de Nueva York, en junio un nuevo comandante británico, Sir William Howe, llegó a las Colonias con la mayor fuerza expedicionaria que Gran Bretaña había desplegado hasta la fecha.

En agosto de 1776, el ejército británico lanzó un ataque y rápidamente tomó la ciudad de Nueva York en la mayor batalla de la guerra. El ejército de Washington fue derrotado y sufrió la rendición de 2.800 hombres.

Ordenó que los restos de su ejército se retiraran a Pensilvania a través del río Delaware. Confiando en que la guerra terminaría en unos pocos meses, el general Howe hibernó a sus tropas en Trenton y Princeton, dejando a Washington libre para atacar en el momento y lugar de su elección.

En la noche de Navidad de 1776, Washington y sus hombres regresaron a través del río Delaware y atacaron a mercenarios desprevenidos en Trenton, forzando su rendición. Unos días más tarde, evadiendo una fuerza que había sido enviada para destruir su ejército, Washington atacó nuevamente a los británicos, esta vez en Princeton, causándoles una pérdida humillante.

Washington descubrió una lección importante: la naturaleza política de la guerra era tan importante como la militar, comprendiendo que las victorias militares eran tan importantes como el hecho de mantener viva la resistencia.

Los estadounidenses comenzaron a creer que podían alcanzar su objetivo de independencia sin derrotar al ejército británico. Mientras tanto, el general británico de Howe se aferró a la estrategia de capturar ciudades coloniales con la esperanza de sofocar la rebelión.

Howe no se dio cuenta de que capturar ciudades como Filadelfia y Nueva York no derrocaría al poder colonial. El Congreso simplemente se reuniría en otro lugar.

 

FRAGUA DEL VALLE

El momento más oscuro para Washington y el Ejército Continental se produjo durante el invierno de 1777 en Valley Forge, Pensilvania. La fuerza de 11.000 hombres se enfrentó durante seis meses a todo tipo de inclemencias, sufriendo miles de bajas debido principalmente a las enfermedades, aunque tras esta dura experiencia emergió del invierno en relativo buen estado.

Al percatarse de que la estrategia de capturar ciudades coloniales había fracasado, el comando británico reemplazó al general Howe por Sir Henry Clinton. El ejército británico evacuó Filadelfia para regresar a la ciudad de Nueva York. Washington y sus hombres dieron varios golpes rápidos al ejército en movimiento, atacando el flanco británico cerca del Palacio de Justicia de Monmouth. Aunque fue un enfrentamiento táctico, el encuentro demostró que el ejército de Washington era capaz de combatir a campo abierto.

Durante el resto de la guerra, Washington se contentó con mantener a los británicos confinados en Nueva York, aunque nunca abandonó por completo la idea de retomar la ciudad. La alianza con Francia había traído un gran ejército francés y una flota naval.

Washington y sus homólogos franceses decidieron dejar que Clinton fuera y atacar al general británico Charles Cornwallis en Yorktown, Virginia. Frente a la fuerza combinada de los ejércitos franceses y coloniales, y con la flota francesa de 29 buques de guerra a sus espalda, Cornwallis resistió todo lo que pudo, pero el 19 de octubre de 1781, rindió sus fuerzas a las tropas francoamericanas.

 

VICTORIA DE GUERRA REVOLUCIONARIA

Los estadounidenses habían ganado su independencia. Washington se despidió formalmente de sus tropas y, el 23 de diciembre de 1783, renunció a su puesto de comandante en jefe del ejército para regresar a Mount Vernon.

Durante cuatro años, Washington trató de cumplir su sueño de reanudar la vida como caballero agricultor y brindarle a su muy descuidada plantación de Mount Vernon el cuidado y la atención que se merecía.

La guerra había pasado factura a la familia Washington, con tierras descuidadas, sin exportaciones de bienes y con la depreciación del papel moneda. Pero Washington pudo reparar su fortuna con una generosa concesión de tierras del Congreso por sus servicios prestados y volverse rentable una vez más.

 

CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL

En 1787, Washington fue nuevamente requerido a cumplir su deber con el país. Desde la independencia, la joven república había estado luchando bajo los Artículos de la Confederación, cuyo principio rector era preservar la independencia y soberanía de los estados.

Cuando estalló la rebelión de Shays en Massachusetts, Washington supo que había que hacer algo para mejorar el gobierno de la nación. En 1786, el Congreso aprobó una convención en Filadelfia para enmendar los Artículos de la Confederación. En dicha Convención Constitucional, Washington fue elegido por unanimidad como presidente.

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Su postura federalista, que defendía la implantación de un poder central eficiente que defendiera los intereses americanos en el exterior y equilibrara las tendencias partidistas de los territorios, supo conciliarla con la de los republicanos, partidarios de conservar la independencia política y económica de los estados. El acuerdo entre ambos grupos quedó expresado en la Constitución del 17 de septiembre de 1787, la primera carta constitucional escrita que reguló la forma de gobierno de un país.

 

 

Tras la clausura de la convención, la reputación y el apoyo de Washington al nuevo gobierno fueron indispensables para la ratificación de la nueva Constitución de los Estados Unidos.

Durante las elecciones presidenciales de 1789, de nuevo el liderazgo de Washington hizo que todas las esperanzas recayeran sobre él, y el Congreso lo eligió por unanimidad como primer Presidente de los Estados Unidos. Juró su cargo en el Federal Hall de la ciudad de Nueva York, la capital de los Estados Unidos en ese momento.

Como primer Presidente, Washington era muy consciente de que su presidencia sentaría un precedente para todo lo que habría de venir. Atendió cuidadosamente las responsabilidades y deberes de su oficina, evitando no emular ninguna corte real europea. Con ese fin, prefirió el título de «Sr. Presidente», en lugar de otros nombres más imponentes que se sugirieron.

Al principio, rechazó el salario de 25.000$ que el Congreso ofreció a la oficina de la presidencia, porque ya era rico y quería proteger su imagen como un servidor público desinteresado. Sin embargo, el Congreso le persuadió a aceptar la compensación para no dar la impresión de que solo los hombres ricos podrían servir como presidente.

Washington demostró ser un administrador capaz. Se rodeó de algunas de las personas más preparadas del país, designando a Hamilton como Secretario del Tesoro y Thomas Jefferson como Secretario de Estado. Delegó sabiamente la autoridad y consultó regularmente con su gabinete, escuchando sus consejos antes de tomar cualquier decisión.

Washington estableció una amplia autoridad presidencial, pero siempre con la más alta integridad, ejerciendo el poder con moderación y honestidad. Al hacerlo, estableció un estándar raramente alcanzado por sus sucesores, pero uno que estableció un ideal por el cual todos son juzgados.

 

LOGROS

Durante su primer mandato, Washington adoptó una serie de medidas propuestas por el Secretario del Tesoro Hamilton para reducir la deuda de la nación y poner en buen estado sus finanzas.

Su administración también estableció varios tratados de paz con tribus nativas americanas y aprobó un proyecto de ley que estableció la capital de la nación en un distrito permanente a lo largo del río Potomac.

 

REBELIÓN DEL WHISKY

En 1791, Washington firmó un proyecto de ley que autorizaba al Congreso a aplicar un impuesto a esta bebida alcohólica, lo que provocó protestas en las zonas rurales de Pensilvania.

Rápidamente, las protestas se convirtieron en un desafío a gran escala de la ley federal conocida como la Rebelión del Whisky. Washington invocó la Ley de Milicias de 1792, convocando a las milicias locales de varios estados para sofocar la rebelión.

Washington tomó personalmente el mando, condujo a las tropas a las áreas de rebelión y demostró que el gobierno federal usaría la fuerza, cuando fuera necesario, para hacer cumplir la ley. Esta fue también la única vez que un presidente estadounidense en funciones lideró a las tropas a la batalla.

 

TRATADO DE JAY

En asuntos exteriores, Washington adoptó un enfoque cauteloso, al darse cuenta de que la joven nación, aún débil, no podía sucumbir a las intrigas políticas de Europa. En 1793, Francia y Gran Bretaña estaban nuevamente en guerra.

A instancias de Hamilton, Washington ignoró la alianza de Estados Unidos con Francia y mantuvo su neutralidad. En 1794, envió a John Jay a Gran Bretaña para negociar un tratado (conocido como el «Tratado de Jay») para asegurar la paz con Gran Bretaña y aclarar algunos problemas no resueltos  de la Guerra Revolucionaria.

Aunque controvertido, el tratado resultó beneficioso para Estados Unidos al eliminar los fuertes británicos a lo largo de la frontera occidental, establecer un límite claro entre Canadá y Estados Unidos y, lo más importante, retrasar una guerra con Gran Bretaña y proporcionar más de una década de comercio y desarrollo próspero el incipiente país tan desesperadamente necesitado.

 

PARTIDOS POLÍTICOS

A lo largo de sus dos períodos como presidente, Washington vivió consternado por el creciente partidismo dentro del gobierno y la nación. El poder otorgado al gobierno federal por la Constitución tomó decisiones importantes, y las personas se unieron para influir en esas decisiones. Al principio, la formación de los partidos políticos estuvo más influenciada por la personalidad de sus líderes que por los problemas a resolver.

Como secretario del Tesoro, Hamilton presionó por un gobierno nacional fuerte y una economía integrada en la industria. El Secretario de Estado Jefferson deseaba mantener al gobierno pequeño y centrar más el poder a nivel local, donde la libertad de los ciudadanos podría estar mejor protegida. Imaginó una economía basada en la agricultura.

Los que apoyaron la visión de Hamilton tomaron el nombre de Federalistas y quienes se opusieron a esas ideas y tendieron a inclinarse hacia la opinión de Jefferson comenzaron se denominaron a sí  mismos republicanos demócratas. Washington despreciaba el partidismo político, creyendo que las diferencias ideológicas nunca deberían institucionalizarse. Sintió firmemente que los líderes políticos deberían ser libres de debatir cuestiones importantes sin estar obligados por la lealtad del partido.

Sin embargo, Washington podría hacer poco para frenar el desarrollo de los partidos políticos. Los ideales promovidos por Hamilton y Jefferson produjeron un sistema bipartidista que resultó notablemente duradero. Estos puntos de vista opuestos representaban una continuación del debate sobre el papel apropiado del gobierno, un debate que comenzó con la concepción de la Constitución y que continúa a día de hoy.

La administración de Washington no estuvo exenta de críticos que cuestionaron lo que vieron como convenciones extravagantes en la oficina del presidente. Durante sus dos mandatos, Washington alquiló las mejores casas disponibles y fue conducido en un carruaje tirado por cuatro caballos, con jinetes y lacayos enfundados en ricos uniformes.

Tras sentirse abrumado, anunció que a excepción de la recepción semanal programada abierta a todos, solo mantendría reuniones con cita previa. Algunos lo acusaron de comportarse como un rey.

Sin embargo, siempre consciente de que su presidencia sentaría las bases de otras venideras, tuvo especial cuidado en evitar las trampas propias de una monarquía. En las ceremonias públicas, no aparecía en uniforme militar o con túnica monárquica, sino que se vestía con un traje de terciopelo negro con hebillas doradas y cabello en polvo, como era la costumbre común. Su manera reservada se debió más a la reticencia inherente que a cualquier sentido excesivo de dignidad.

 

JUBILACIÓN Y DISCURSO DE ESPEDIDA

Con el deseo de regresar a Mount Vernon y sintiendo que su fortaleza física disminuía con la edad, Washington no cedió ante las presiones para que cumpliera un tercer mandato.

Al hacerlo, nuevamente tuvo en cuenta el precedente de ser el «primer Presidente» y decidió establecer una transición pacífica del gobierno.

En los últimos meses de su presidencia, Washington sintió que necesitaba dejarle a su país algo de sí mismo, su propio legado y con la ayuda de Hamilton compuso su discurso de despedida al pueblo estadounidense, que instó a sus conciudadanos a apreciar la Unión y evitar el partidismo y las alianzas extranjeras permanentes.

En marzo de 1797, entregó el gobierno a John Adams y regresó a Mount Vernon, decidido a vivir sus últimos años como un simple caballero agricultor. Su último acto oficial fue perdonar a los participantes en la Rebelión del Whisky.

Al regresar a Mount Vernon en la primavera de 1797, Washington sintió una sensación de alivio y logro. Había dejado al gobierno en manos capaces, en paz, con sus deudas bien administradas y en el camino a la prosperidad.

Washington dedicó gran parte de su tiempo a gestionar sus propiedades.

 

MUERTE

El 12 de diciembre de 1799, Washington pasó gran parte del día inspeccionando su plantación a caballo, ajeno a la tormenta de nieve que caía. Cuando regresó a casa, cenó apresuradamente con la ropa aún mojada y luego se fue a la cama.

A la mañana siguiente, se despertó con un fuerte dolor de garganta. Se retiró temprano, pero se despertó alrededor de las tres de la madrugada para decirle a Martha que se sentía muy enfermo. Lejos de mejorar, la enfermedad se agravó, provocándole la muerte la noche del 14 de diciembre de 1799.

 

 

La noticia de su fallecimiento a los 67 años se extendió por todo el país, sumiendo a la nación en un profundo duelo. Muchos pueblos y ciudades celebraron simulacros de funeral y expresaron cientos de elogios para honrar a su héroe caído. Cuando la noticia de su muerte llegó a Europa, la flota británica rindió homenaje a su memoria, y Napoleón ordenó diez días de duelo.

 

 

 

 

 

Fuente: https://www.biography.com/us-president/george-washington