PERFILES

María Zambrano

Las letras en España no serían en absoluto lo mismo sin la figura de María Zambrano. Sin duda, la de Vélez-Málaga es una de las presencias femeninas más importantes de todo el siglo XX español. Su dedicación a la filosofía y a la poesía la convirtieron en un talento internacional al que le costó alcanzar el reconocimiento dentro de su propio país.

Quién fue María Zambrano: infancia y educación

María Zambrano Alarcón nació en 1907 en la pequeña localidad costera de Vélez-Málaga, uno de los pueblos que forman la Axarquía de esta región del sur de España. Sin embargo, su historia en Málaga es breve, ya que la familia Zambrano partiría hacia Madrid cuando la niña no tenía más de 4 años.

El paso por Madrid sería escueto de igual modo, y los pasos familiares terminaron con María en la ciudad de Segovia. Es en este lugar en el que se puede decir que se crió y en el que pasó buena parte de su etapa de adolescencia y formación.

Los testimonios que hay sobre Zambrano en esta época hablan de una joven despierta y de gran talento para los estudios, especialmente para los relacionados con las humanidades. Su trayectoria formativa fue intachable, aunque tampoco se puede hablar de grandes logros a corta edad y sí, más bien, de una etapa educativa finalizada con brillantez en todos los momentos.

Pero el auténtico momento de importancia en la vida de la joven María Zambrano se produjo con su traslado a Madrid para estudiar filosofía en la Universidad Central, que es la precedente de la actual Complutense.

La joven llegó a un Madrid que en 1927 era el centro de lo que se ha venido llamando la edad de plata de la cultura española, por estar muy cerca en talento y diversidad a lo que fue el Siglo de Oro.

En el terreno de la filosofía, Zambrano tuvo la suerte de coincidir con algunos de los mejores intelectuales que ha tenido España. Hablamos de Ortega y Gasset, de García Morente o de Xavier Zubiri. Todos ellos dieron clase a la joven María, aunque su atención se centró especialmente en las clases de José Ortega y Gasset, que era una de las estrellas de la filosofía europea del momento.

Entrada en la universidad y exilio

En 1931, María Zambrano terminaría sus estudios y se convertiría en profesora auxiliar de la cátedra de metafísica de la Universidad Central de Madrid. Así comenzó una actividad intelectual y docente que ya ocuparía toda la vida de la joven nacida en Málaga.

Este acceso a la universidad hizo que María ampliara su círculo. Además de los filósofos a los que antes hemos citado, la joven entró en contacto con numerosos poetas miembros de la Generación del 27, como Miguel Hernández, Luis Cernuda o Emilio Prados.

Es importante tener en cuenta la influencia de la poesía en la obra de Zambrano, pues terminará desarrollando un pensamiento expresado muchas veces en un lenguaje místico que concede una enorme importancia a este género literario. Esto es algo que puede verse en su obra culmen, Filosofía y poesía.

Zambrano emprendió en estos años una gira que la llevó a dar clase en lugares como La Habana y otros. Sin embargo, en cuanto estalló la Guerra Civil en 1936, la joven volvió rápidamente a España para ponerse al servicio de la República.

Son años en los que Zambrano viviría entre Valencia y Barcelona intentando prestar su apoyo a la causa republicana por todos los medios. Sin embargo, el desenlace de la contienda bélica llevó a María a un exilio que comenzaría cruzando la frontera francesa y pasando por diversos países hasta llegar a una América Latina que disfrutará de sus mejores años de actividad.

Especialmente importante es la etapa de su magisterio en México, ya que el país azteca fue el lugar en el que se concentró buena parte del exilio español con figuras de la talla de José Gaos y otros dando clases en las muchas universidades del país.

Antes de poder regresar a España, María Zambrano pasó también un tiempo viviendo en Europa, especialmente en Roma. De esta estancia es de donde proceden algunas de sus obras más valoradas como El hombre y lo divino.

La madurez de María Zambrano y su vuelta a España

A finales de la década de los 60, María Zambrano era una figura en el pensamiento europeo, pero una total desconocida dentro de las fronteras españolas. Esto cambiará con varios artículos publicados en 1966 en los que se hacía un repaso de su obra y de su figura.

No obstante, la pensadora no volverá a pisar España hasta que se produzca la muerte del dictador Francisco Franco, lo que sucedió en la década de los 70.

Eso sí, los años 80 fueron los del gran reconocimiento de la figura de María Zambrano como una de las grandes personalidades de la cultura española de todo el siglo XX.

Distinciones como el Príncipe de Asturias de 1981, su nombramiento como Doctora Honoris Causa por la Universidad de Málaga en ese mismo año o la obtención del Premio Cervantes de Literatura en 1988 dan buena prueba de lo que supuso el final del siglo XX para una María Zambrano que había pasado buena parte de su vida alejada de tierras españolas por cuestiones políticas.

En esta época, María se dedicó por completo a repasar buena parte de las obras que ya había publicado y a llevar a cabo una intensa labor como articulista en diferentes medios. Sin embargo, su final llegaría en 1991, cuando la pensadora contaba con más de 86 años en los que había sido testigo de una de las etapas más convulsas de la historia de España.

En definitiva, la historia de María Zambrano tiene que ser vista como la de una de las grandes figuras de las letras españolas del siglo XX y como la de una intelectual que alcanzó las más altas cumbres dentro de la filosofía y la poesía que se desarrollaban en la Europa del siglo XX.