PERFILES

Shirley Chisholm

La biografía de Shirley Chisholm nos muestra a la primera mujer afroamericana congresista y a la primera precandidata presidencial. Mucho antes de que aparecieran figuras como Hillary Clinton o Barack Obama. Su vida es un testimonio de la lucha por los derechos civiles y contra la discriminación, aunque no se conoce lo suficiente.

Infancia y formación

La pequeña Shirley comenzó su vida en Nueva York, en el barrio de Brooklyn. Sin embargo, sus padres, inmigrantes pluriempleados, pronto le enviaron junto a sus hermanadas a Barbados. Este era el lugar de origen de la familia y donde se encontraba la abuela materna.

Esta mujer, con quien pasaría 5 años, fue su primera fuente de inspiración. La dignidad racial que transmitía y la fuerza que dio a la niña fueron más que suficientes para que Chisholm considerara que era alguien en el mundo, sin necesidad de esperar a una revolución racial.

Ya en los Estados Unidos de nuevo, Chisholm pasaría por diferentes escuelas e internados. Durante esta etapa, su carácter reivindicativo e inteligente comenzaría a aflorar. No fueron pocas las actividades reivindicativas a las que se sumaría, aunque nunca descuidó una formación que sería la que finalmente la acercaría al mundo de la política.

 

Entrada en la política activa

En 1953, después de haber finalizado sus estudios en la Universidad de Columbia, Shirley Chisholm tendría su primer contacto con el mundo de la política. Este se produjo en la campaña para la elección de Wesley Holder como primer juez afroamericano de Brooklyn.

La plataforma electoral se convertiría posteriormente en un medio para todo tipo de actividades en contra de la segregación racial. En ella comenzaría a ganar cada vez más importancia y sumaría la lucha por incluir a la mujer afroamericana en la vida política.

A comienzo de la década de los 60, la joven Chisholm entraría a formar parte de la UDC, una organización independiente que apoyaba a candidatos afroamericanos. En esta organización su trabajo sería cada vez más importante, hasta que le llegó el momento de dar el salto a la primera plana política.

 

Legisladora y congresista

En los primeros años de la década de los 60 el nombre de esta mujer afroamericana era ya conocido y respetado en todos los círculos políticos de Brooklyn. Esta fama hizo que la joven decidiera presentarse a la Asamblea Estatal de Nueva York.

Sin embargo, el propio grupo al que pertenecía, la UDC, tenía reticencias al respecto. El motivo no era otro que el de ser mujer. En aquel momento, se consideró que la posibilidad de que una mujer afroamericana venciese a liberales y republicanos era muy baja.

Pero se equivocaron. Shirley Chisholm venció de forma aplastante superando en más de 18.000 votos al siguiente candidato más votado. Su carisma y su buen hacer dentro de la comunidad fue lo que le valió la victoria. Sin embargo, esto no sería más que el despegue de una carrera política que hoy es histórica.

En la Asamblea Estatal, la líder afroamericana se mantuvo entre 1965 y 1968. Fueron años de una gran actividad defendiendo los derechos de las minorías de cualquier clase y sacando adelante un buen número de propuestas sociales.

En el 68 decide dar un salto más, uno icónico en su momento. En este año, decide presentar su candidatura para la Cámara de Representantes de EE. UU. con el potente eslogan “Ni se me compra, ni se me ordena”.

El primer escollo para llegar al congreso americano fue el de las primarias del Partido Demócrata. Aquí venció fácilmente a sus dos oponentes, lo que la llevó a enfrentarse a James Farmer, el candidato que contaba con el apoyo republicano.

Pese a que la elección, a priori, no pintaba bien para Shirley Chisholm, todo terminó en un éxito rotundo. Dobló en número de votos a su rival y se convirtió en la primera mujer afroamericana en ocupar un sillón en el Congreso.

La historia ya tenía un hueco reservado para ella, aunque Shirley no se conformó. En su afán por seguir haciendo de su país un lugar más justo, siguió dejando una huella en la que aún se inspiran hoy muchos políticos norteamericanos preocupados por los derechos sociales.

 

Candidata presidencial

A principio de los 70 que una mujer pudiera ser presidenta de los Estados Unidos era una quimera. Que esa mujer, además, fuese afroamericana, sonaba más a utopía que a realidad.

Es más, cuando comenzaron los rumores sobre la candidatura de Chisholm, sus mismos compañeros afroamericanos se lo tomaron a risa. Pero la congresista estaba decidida a dar el paso de una vez por todas y a romper con los roles de género que imperaban en la política por aquel entonces.

La candidatura se presentó en 1972. En su discurso, hizo hincapié en que era una representante de todo el pueblo estadounidense, no solo de los afroamericanos o las mujeres.

Pero las burlas y el menosprecio fueron la tónica general en las respuestas recibidas. Buena prueba de ello es que la candidata obtuvo una financiación irrisoria en comparación con sus rivales, lo que le impidió llevar a cabo una puesta en escena de la campaña lo suficientemente atractiva.

Finalmente, Shirley quedó como cuarta candidata más votada, aunque el impacto de su iniciativa quedó inscrito en la historia de los Estados Unidos.

 

Retirada de la política

Tras el fracaso de su candidatura, la demócrata siguió con su actividad en el Congreso donde se mantendría ininterrumpidamente hasta 1982. Fue en ese año cuando decidió retirarse de la política de una forma activa, pero no para descansar.

Los últimos años de actividad los pasó dedicada a la docencia, la que había sido su actividad antes de entrar en el mundo de la gestión pública.

Murió en 2005 con 80 años. La biografía de Shirley Chisholm es tan importante como la de figuras tales como Kamala Harris o el propio Obama, que la ha reivindicado como un referente. Este último le concedió en 2015 la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil de Estados Unidos en reconocimiento a su lucha y su legado.