Matar a una reina

Se necesitaron solo tres días y dos noches, del 14 al 16 de octubre de 1793, para juzgar, sentenciar y ejecutar a la última reina de Francia.Su esposo, Luis XVI, había sido guillotinado, sus hijos le habían sido arrebatados y las monarquías de Europa la habían abandonado a su suerte. El pueblo francés quería su cabeza. Arrastrada ante un tribunal revolucionario, María Antonieta demostró una fuerza y dignidad insospechadas. La Revolución la juzgó como reina; su trágico final la hizo inmortal. Cuando la trasladaron a las celdas del tribunal en la sofocante noche del 1 al 2 de agosto de 1793, su destino ya estaba escrito. Los 76 días que pasaría allí antes de subir al patíbulo frente a una multitud que aullaba significó su descenso a los infiernos, pero también el nacimiento de un mito y la creación de uno de los personajes femeninos más fascinantes de la historia.